Efectivamente, Zapatero hubo de rebajar mucho sus expectativas y ni siquiera consiguió la photo finish del acuerdo. Pero no hay que olvidar de dónde venía. La semana negra de febrero, que arrancó el día 4 de aquel mes justo al tiempo que Zapatero rezaba junto a Barack Obama en Washington para conjurar la crisis y el paro, puso al presidente al borde del precipicio. Con todo el viento en contra en los mercados internacionales y tras acumular numerosos traspiés también en el ámbito interno, Zapatero optó por agarrarse a las apelaciones al pacto de Estado que venía esgrimiendo el Rey y que finalmente ofertó Duran. Y tras hablar con el líder de CiU, Zapatero salvó el pellejo en su comparecencia en el Congreso el 17 de febrero al ofrecer a Rajoy y al resto de los grupos un pacto, no de Estado pero sí sobre medidas económicas concretas.
Zapatero se sacó de la chistera el tridente de Salgado, Blanco y Sebastián, la escenografía del palacio de Zurbano para decorar el pacto y puso un plazo tope de dos meses para lograrlo. Ayer, 51 días después del anuncio, el Consejo de Ministros dio por cerrado el proceso de Zurbano. Así que cuando Zapatero vuele el lunes de nuevo a Washington, sin duda llegará más sosegado que la última vez que se fue de allí.